Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar

Sobre las virtudes del vino

Por: Simón Palacio Echeverri

¿Por donde comenzar en el momento de loar las tantas virtudes del vino? Más fácil sería contar las estrellas del cielo que las que se ocultan en el fondo de la copa, tan complicado es nuestro sujeto que tardaríamos tanto en examinarlo como al hombre mismo, y es que ¿acaso no son ambos hermanos en la tierra? El vino es el pozo en el que el hombre se mira y en el fondo no puede ofrecerle al hombre nada que no tenga ya dentro de sí y lo refleja volviendo cada desproporción monstruosamente horrenda, es el estanque donde el hombre puede multiplicar sus gracias y ahogarse de amor por una belleza que siempre estuvo dentro de su espíritu. Las aguas rubras o blondas del olvido nos desnudan de todo artificio y deshonestudad volviéndonos más honestos y, por lo tanto, más nosotros.

La virtud, la felicidad, la sabiduría y la justicia no se pueden comprar. Ellas nacen de el constante esfuerzo por superar aquel pecado que acompaña cada paso que damos. Esto parecería hacer superfluo cualquier tisana en la construcción del alma bella, pero ¿no es acaso algo esencial en esta búsqueda la honestidad ‒y con ella no me refiero al impertativo mercantil de nunca mentir, sino de ser capaz de confesar los pecados y tener la fuerza de observar el alma y el cuerpo propios sin engañarse‒? Un hombre que no bebe es un hombre que tiene algo que quiere ocultar.

No es el propósito de esta entelequia hablar de como la ambrosía de los hombres saca a relucir el lado más ruin de éstos, sino de cómo exalta las virtudes, fortalece el espiritu y abre la mente. Tal vez me equivoqué al señalar que el vino no agrega ninguna virtud que no se encuentre previamente en el espiritu, pues él es capaz de dar valor incluso al más cobarde de los hombres y por ello es capaz de sacar a relucir todas las virtudes que la mezquindad ocultaba dentro de él. El divino licor no hará de un necio un sabio, pero le dará la locuacidad al hombre que por una debilidad de carácter es incapaz de encontrar palabras que se midan con la altura de su visión. Él completa al hombre justo, funda las amistades.

Circula la anécdota de un alcalde que hizo gran alarde de justicia, sabiduría y plena virtud en medio de una de las situaciones más adversas, una de esas raras perlas que se encuentran en el lodazal democrático de nuestra era. Sea cual sea la razón se había decretado que todas las tabernas de su pueblo se cerrarían a las nueve de la noche, pero el alcalde, como gran bebedor que era, continuaba bebiendo hasta que despuntaba el alba en la taberna de su preferencia. Eventualmente los dueños de las otras tabernas le llegaron con la queja de que esto favorecía desproporcionadamente el negocio en cuestión ante lo que el alcalde, mostrando una munificiencia poco vista en la tierra, declaró que el problema se solucionaría inmediatamente y que desde ese momento bebería todas las noches en una taberna diferente. ¡Qué grande es el Rey Salomón!

Pero el alma del vino es mucho más que la intencificacion de los acordes particulares de cada alma, es el entusiasmo que las une en amistad y permite que entren en una nueva armonía y de allí nazca un espiritu de hermandad con el que los humanistas no pueden más que soñar. Para los borrachos no existe el egoísmo, ellos comparten cada uno de sus tragos y añoran que sus camaradas compartan de su felicidad con tal ahínco que los sobrios profesionales no pueden atribuir más que al vicio. No entienden que entre más se profundiza en el barril más se profundiza la amistad.

El vino permite que el diálogo supere su etapa terrenal, pues no sólo le da alas a las lenguas, sino que destierra toda mentira y engaño de la mesa. Es en la embriaguez que se puede poner a prueba las convicciones, la vergüenza, enemiga natural de la verdad, pierde su fuerza y un impulso por la auténtica revelación ocupa su lugar. Esa sed de verdad es algo que es incomprensible para la triste existencia del abstemio, pero para el borracho el deseo de mostrar su corazón el desnudo es necesidad. El pecado nos obligó a ocultar nuestros cuerpos, el alcohol permite mostrar nuestras almas. Es allí donde radica el secreto del valor brindado por el licor. No es una virtud agregada a nuestro espiritu, sino la lucidez de aceptar nuestra naturaleza y nuestros deseos, el breve instante en el que nos conocemos a nosotros mismos, que podemos dejar de engañarnos y hacer lo que se nos dé la gana.

¿Hay algún elixir que se compare al vino en lo que concierne a la potencia artística? No es accidental que él haya inspirado a los más grandes músicos, pintores y poetas en el momento de componer sus más grandes obras. Él explota en su corazón acelerando el mecanismo espiritual que da a luz al arte, da fuerza al brazo y amor por el trabajo, sin los cuales el arte no sería más que un brumoso ensueño. Incluso cuando las fuerzas han abandonado al arquitecto el vino le devuelve el ímpetu creador con tal ahinco que su proyecto vuelve a cobrar sentido y sus fuerzas vuelven a orientarse a la construcción. ¿Cuántas bellas ideas no habran quedado más que en vientos por la obstinación de los hombres de no beber? ¿Cuántas empresas no fueron emprendidas por la falta de embriaguez de los soñadores?

Pero el vino es más aun que la fuerza en el brazo del débil y el secreto de una energía más potente quel vapor en el pecho del artista dedicado, pues el vino mismo es poeta. El artista, el buen artista, es quien ve en cada una de las creaturas un modelo ideal, para él el mundo no es más que un bosque de símbolos que le hablan a su espíritu. Esto no quiere decir que la particularidad de cada una de las creaturas se destrulla, sino que se resalta. La naturaleza de cada roca, de cada estrella y de cada hombre no se ven como meros accidentes en un arquetipo, sino que se ven por lo que son ellas mismas, y por lo tal tienen que desprenderse de los accidentes que le acontecen a esas naturalezas particulares. El vino funciona como ese sagrado visturí que vuelve a cada hombre más honesto y lo desprende de todo artificio ilegítimo, pero más allá de ello él le da al ojo de quien se ha iniciado en las artes simbólicas una visión más penetrante que le permite contemplar cada cosa como es.

Él es el espejo donde el artista puede reflejar su obra, el lente con el cual puede contemplar las formas que se le presentan. En cada copa que bebe se ahoga una constelación, en cada botella el paraíso y el infierno se mezclan con las moléculas de alcohol, las ventanas del paraíso se abren a los hijos de Adán y se puede volver a contemplar un mundo en el que cada fruto es más dulce y cada espina es más aguda, es la pintura que el espíritu usa para pintar su propio retrato en cada pared. El vino es el solvente universal en el que lo prosaico se disuelve en puro símbolo, que le comunica al alma en su lengua natal los secretos que ella ha olvidado. El ebrio, al igual que el soñador, conversa con las nubes, con el agua y con las piedras y todas ellas le responden con los ecos embellecidos de su propia alma. Es por ello que es inconcebible un artista que sea incapaz de embriagarse de vino, de poesía o de virtud, a su gusto.

El vino, más que bálsamo de las crepusculares saudades es el viento que las eleva a su máxima expresión y también es quien lleva cada dicha más allá de los límites de la cotidianidad. Muchas veces se ha visto rebajado, cual Hercules a los pies de Onfalia, a enclenques labores, pero eso no le quita un ápice de dignidad al héroe dionisiano de las festividades y los lutos. Las voluptuisidades del vino no son más que las voluptuosidades del hombre y sus vicios no son más negros que la garganta que lo recibe. ¿Por qué han cesado los loores a este bálsamo humano? Ahora quienes beben lo hacen a escondidas, o, peor aún, en horarios que no interrumpan el flujo del tedio, cuando el vino es una ruptura en la monotonía que debería atravesarnos hasta la médula, es la oportunidad de presenciarnos tal y como somos y así debe tomarse. Este es un llamado para volver a exhaltar al vino, a devolverlo a su legítima posición de elixir humano que pinta nuestras imágenes en el purpura más intenso

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: